Uno de los principales intereses de esta investigación es el análisis de las prácticas funerarias en un contexto de enterramiento clásico. Los arqueólogos estudian la evolución cronológica de las sepulturas, la gestión del espacio funerario, los tipos de inhumación y sus depósitos… Ya se observa, por ejemplo, una clara evolución en las prácticas funerarias. Así, de las simples fosas excavadas en la tierra, donde el difunto de los siglos XVI-XVII es inhumado envuelto en un sudario, se pasa a los ataúdes de madera de los siglos XVIII-XIX, en los cuales el difunto se encuentra muy a menudo vestido. La presencia de varios elementos indumentarios, botones, corchetes, hebillas, o también de joyas o atributos religiosos como rosarios, crucifijos y medallas, que se han encontrado en su lugar sobre los difuntos, informan sobre las prácticas funerarias, las costumbres de la época y la importancia de los signos de devoción religiosa de esta población, muy católica.
La extremada superposición de tumbas en los cementerios urbanos de este periodo, que se debe a una simple ecuación –contener un máximo de individuos en un mínimo de lugar–, pone aquí en evidencia muchos gestos que informan sobre la manera en la que los vivos gestionaban a sus muertos.